Conoce a Ramsés II,
nuestro faraón favorito
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nuestro faraón
favorito
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Un soberano que reinó durante más de 66 años, tiempo suficiente para convertirse en leyenda en vida. Ramsés II se presentaba como elegido de los dioses y hablaba con autoridad divina.
Un guerrero que presumía de victorias en todas las fronteras, o al menos se aseguraba de que el mundo lo creyera. Ramsés el Grande fue el primer rey representado con dagas adornadas con dos cabezas de halcón. Quedaban realmente bien.
Su nombre completo era de lo más impresionante: el Horus, Toro Poderoso Amado de Maat, Rey del Alto y del Bajo Egipto, Poderosa es la Justicia de Ra, Elegido de Ra, Hijo de Ra, Ramsés Amado de Amón, Amado de Ptah.
Un soberano que reinó durante más de 66 años, tiempo suficiente para convertirse en leyenda en vida. Ramsés II se presentaba como elegido de los dioses y hablaba con autoridad divina.
Un guerrero que presumía de victorias en todas las fronteras, o al menos se aseguraba de que el mundo lo creyera. Ramsés el Grande fue el primer rey representado con dagas adornadas con dos cabezas de halcón. Quedaban realmente bien.
Su nombre completo era de lo más impresionante: el Horus, Toro Poderoso Amado de Maat, Rey del Alto y del Bajo Egipto, Poderosa es la Justicia de Ra, Elegido de Ra, Hijo de Ra, Ramsés Amado de Amón, Amado de Ptah.
Esta es la historia del viaje de Ramsés,
una odisea a través del tiempo y el espacio
Esta es la historia del viaje de Ramsés,
una odisea a través del tiempo y el espacio
I
En 2025, una nueva maravilla del mundo abrió por fin sus puertas. Tras dos décadas de obras y más de mil millones de dólares de inversión, el Gran Museo Egipcio (GEM) recibió a visitantes y estudiosos por igual.
Dentro hay 100 000 piezas de valor incalculable, encabezadas por la colosal estatua de Ramsés ii, el primer objeto registrado en la colección, que aún lleva la etiqueta gem 1.
El museo se alinea a propósito con las pirámides de Guiza, a solo dos kilómetros, y se presenta como una continuación moderna de la visión arquitectónica del antiguo Egipto.
Para saber cómo un coloso antiguo
acabó en un museo moderno,
hay que viajar atrás en el tiempo
Para saber cómo
un coloso antiguo
acabó en
un museo moderno,
hay que viajar
atrás en el tiempo
Hace casi 3300 años, en el 1250 a. C., se talló en Asuán un bloque de granito rojo que se convertiría en la imponente estatua de Ramsés ii: once metros de altura y 83 toneladas de peso.

Ramsés II no se limitó a encargar la escultura: eligió en persona la cantera. ¡Eso sí que es querer controlarlo todo!

Imagina que eres el escultor real y te encargan el trabajo más prestigioso: tallar la estatua de un rey. Nunca has visto a ese hombre, pero conoces bien su rostro. Los retratos reales se distribuían como modelos de referencia en 3d, para que cada estatua, se hiciera donde se hiciera, se pareciera al original, o al menos a su versión idealizada.

Con los rasgos del faraón en mente, empiezas por dibujar el frente, los lados y la espalda sobre un bloque de granito. Luego comienza la talla: vas quitando poco a poco lo que sobra hasta que surge una forma tosca. El granito, muy duro, se trabajaba con martillos de basalto, aún más resistente, y con arena como abrasivo, mientras que las piedras más blandas, como la caliza o la arenisca, podían labrarse con herramientas de sílex, cobre o bronce.

¿Cómo de grande era Ramsés, en realidad?
La infografía compara su estatua de 11 metros con el David de Miguel Ángel, de 4 metros, un moái de la Isla de Pascua, de 8, y una persona corriente como escala.
© Méridien 2026 — CC BY-NC 4.0

Con los rasgos del faraón en mente, empiezas por dibujar el frente, los lados y la espalda sobre un bloque de granito. Luego comienza la talla: vas quitando poco a poco lo que sobra hasta que surge una forma tosca. El granito, muy duro, se trabajaba con martillos de basalto, aún más resistente, y con arena como abrasivo, mientras que las piedras más blandas, como la caliza o la arenisca, podían labrarse con herramientas de sílex, cobre o bronce.

¿Cómo de grande era Ramsés, en realidad?
La infografía compara su estatua de 11 metros con el David de Miguel Ángel, de 4 metros, un moái de la Isla de Pascua, de 8, y una persona corriente como escala.
© Méridien 2026 — CC BY-NC 4.0

Según Susanna Thomas, egiptóloga y autora de Ramesses, Loved by Ptah, las estatuas de granito como la de Ramsés II solían terminarse en la propia cantera, y solo el pulido final se hacía en su destino. En una entrevista con Méridien, explicó que «llevaba alrededor de un año de principio a fin. Participaban equipos enteros de hombres, entre ellos el maestro artista que lo supervisaba todo y el resto de los artesanos, funcionarios del gobierno (por supuesto), soldados para vigilarlo todo y toda la gente necesaria para trasladar la estatua desde la cantera hasta su destino final».

Entonces, ¿cómo movían los egipcios estas esculturas gigantescas? ¡Con física, por supuesto!

Primero, los obreros arrastraban las estatuas sobre trineos por caminos construidos a propósito desde la cantera hasta el Nilo. No intervenían animales: ¿para qué bueyes, si tienes recursos humanos? Arrastrar cargas pesadas por la arena del desierto puede sonar a pesadilla, pero los egipcios tenían un truco: echaban agua sobre la arena para reducir la fricción, y así era más fácil tirar.

Después llegaba el viaje por el río hasta Menfis, la antigua capital de Egipto. Por suerte, el Nilo fluye hacia el norte, justo en la dirección que necesitaban. Así, el trayecto de 800 kilómetros desde Asuán podía hacerse con la corriente empujando la barcaza. Y otro truco más: ¡para navegar con más facilidad, había que hacer coincidir el envío con la crecida anual! Un práctico sistema de canales y estanques llevaba la estatua el resto del camino, hasta las mismas puertas del templo. Si formabas parte de aquella cuadrilla, te habías ganado de sobra una jarra de cerveza tibia y quizá una siesta a la sombra.

Echar agua en la arena hace que arrastrar un trineo pesado resulte hasta un 40 % más fácil

Traslado del coloso sobre un trineo lubricado con agua. Basado en la pintura de la tumba de Dyehutihotep. © Méridien 2026 — CC BY-NC 4.0

Traslado del coloso sobre un trineo lubricado con agua. Basado en la pintura de la tumba de Dyehutihotep. © Méridien 2026 — CC BY-NC 4.0

—Un momento, ¿y cuánto duraba realmente el viaje? ¿Cuánta gente hacía falta?

Las fuentes escasean, pero podemos hacer una buena estimación. Unos 2000 obreros arrastraron la estatua de 83 toneladas desde la cantera, palmo a palmo, en un proceso lentísimo. Desde allí, el viaje por el río duró cerca de un mes, hasta que el coloso llegó por fin al templo. La escala era enorme, pero Ramsés reinó durante generaciones: tenía todo el tiempo del mundo.

Algunos faraones, entre ellos Ramsés II, se mantuvieron en el poder durante muchísimo tiempo.

Ramsés II gobernó siete décadas, pero Pepi II quizá reinó aún más, aunque eso se discute. Piénsalo: la gente nacía, vivía toda su vida y moría mientras el mismo soberano ocupaba el trono. Con el tiempo, a esos reyes ya no se los veía como simples humanos, sino como dioses que caminaban por la Tierra.
Reino Antiguo Primer Período Intermedio Reino Medio Reino Nuevo Tercer Período Intermedio Período Tardío Período macedonio Período ptolemaico

© Méridien 2026 — CC BY-NC 4.0

© Méridien 2026 — CC BY 4.0. Datos: Metropolitan Museum of Art

En el templo de Ptah en Menfis, la estatua triunfó al instante. Cuando Heródoto pasó por allí hacia el 455 a. C., le dedicó una reseña entusiasta: cinco estrellas, sin objeciones. El primer bloguero de viajes sabía apreciar un buen coloso.

«El monumento que dejó Ramsés fue el pórtico occidental del templo. Colocó aquí estatuas de cuarenta y un pies de altura».

Heródoto
(h. 484 a. C. – h. 425 a. C.)
Historiador y geógrafo griego, a menudo llamado «el padre de la Historia».

Sin embargo, el emperador Teodosio I no era un admirador. Hacia el año 390 había prohibido los cultos paganos para imponer el cristianismo en el Imperio romano, y los templos de todo Egipto cerraron sus puertas. La estatua, en cambio, resistió. En 1595, Jacques de Villamont, autor del libro de viajes francés más popular de la época, contó que la había visto en las arenas de Menfis.

Estatua de Ramsés en Menfis, década de 1880. Foto: Jean Pascal Sébah

Estatua de Ramsés en Menfis, década de 1880. Foto: Jean Pascal Sébah

Y aquí viene el giro: ¡en el templo había dos estatuas gigantes de Ramsés! Incluso grandes publicaciones, entre ellas National Geographic, las confundían.

Hacia 1700, el templo de Ptah y sus poderosos monumentos eran ruinas informes. Y a partir de ahí todo se enredó aún más. Ramsés mandó hacer dos estatuas colosales: una de granito y otra de caliza. Hoy una se alza en el Gran Museo Egipcio; la otra sigue en Menfis (la actual Mit Rahina, para ser exactos). Las gemelas se parecen lo bastante como para confundir a cualquiera. Algunas fuentes atribuyen su descubrimiento al explorador italiano Giovanni Battista Caviglia. Es cierto que encontró una estatua en 1821, pero era de caliza, no de granito.

A Susanna Thomas le sorprendió la confusión, que atribuye a la falta de ganas de comprobar las fuentes. «Al fin y al cabo, las dos estatuas son bastante distintas», dijo. «La de Mit Rahina es de caliza y conserva la nariz, además de detalles mucho más finos».

Joseph Hekekyan
(1807–1875)
Administrador, arqueólogo e ingeniero civil armenio que pasó la mayor parte de su vida en Egipto.

El verdadero mérito es del ingeniero armenio Joseph Hekekyan, que redescubrió la estatua de granito en 1854. Yacía sobre su costado derecho, con las piernas rotas por encima de los tobillos y sin pies. Tres décadas después, ingenieros militares británicos alzaron ambas estatuas por encima del nivel de las crecidas y las colocaron sobre plataformas. Allí, en Menfis, permanecieron los 60 años siguientes, hasta que alguien decidió buscarle un lugar mejor a una de ellas.

Se tardó cinco horas en trasladar la estatua de Mit Rahina a El Cairo, a una velocidad media de 6 km/h.

Tras la revolución de 1952, los nuevos dirigentes de Egipto querían reforzar el orgullo nacional. Ramsés era el símbolo perfecto.

En febrero de 1955, un camión sacó al gigantesco rey de granito de la aldea de Mit Rahina. A los vecinos no les hizo ninguna gracia. La estatua había sido su gran atracción y llevaba años atrayendo turistas y dinero. Por si fuera poco, los ingenieros tuvieron que reforzar dos puentes del recorrido para soportar el peso de Ramsés. Todo se convirtió en una auténtica epopeya de infraestructuras. Un paso en falso, ¡y el faraón podría haber acabado en el Nilo!

Imágenes de 1955 del traslado de la estatua de Ramsés II a El Cairo. Vídeo: British Pathé. Foto: Amnat/Alamy.

Imágenes de 1955 del traslado de la estatua de Ramsés II a El Cairo. Vídeo: British Pathé. Foto: Amnat/Alamy.

La estatua se trasladó el 24 de febrero de 1955. Su inauguración estaba prevista para julio, pero diversas dificultades técnicas retrasaron la ceremonia hasta noviembre.

Una vez en El Cairo, el coloso necesitó reparaciones importantes. Los obreros pasaron diez meses devolviéndole su antiguo esplendor. Añadieron barras de hierro en su interior para que no se desmoronara. ¡Se acabaron las piernas perdidas! En noviembre, Ramsés ocupó por fin su lugar en la plaza más concurrida de la ciudad, junto a la estación principal de tren. El lugar incluso recibió un nombre nuevo: plaza Ramsés. Porque si vas a trasladar a un dios-rey, qué menos que rebautizar todo el barrio. El traslado era claramente simbólico. Al recibir a los viajeros en la estación, Ramsés II recuperó su antiguo papel de gran creador de la imagen de Egipto.

—Entonces, ¿fue ese el último traslado de la estatua?

Ni de lejos. Aún le quedaban dos viajes más.

El trayecto duró diez horas para recorrer solo 26 kilómetros y costó alrededor de un millón de dólares.

¿Cómo se salva una estatua antigua de los humos del tráfico? Trasladándola a un museo nuevo.

En 2006, Egipto decidió que Ramsés iría al Gran Museo Egipcio, todavía por construir. Los ingenieros lo envolvieron en andamios, lo escanearon palmo a palmo con láser e hicieron tres pruebas de traslado: dos con bloques de caliza y una con una réplica. Nadie quería ser quien le rompiera la nariz al faraón en directo por televisión.

El primer gran traslado llegó en 2006: dos camiones de plataforma lo llevaron por El Cairo dentro de una jaula de acero, con la cabeza asomando para que la multitud pudiera verlo. El trayecto duró diez horas para recorrer solo 26 kilómetros, costó alrededor de un millón de dólares y dejó a Ramsés esperando en el solar del museo.

Cómo se transportó a Ramsés II en 2006
Cómo se transportó a Ramsés II en 2006: la estatua en una jaula de hierro reforzada, forrada con espuma de goma y suspendida de un puente de acero entre dos camiones de plataforma.

Plataforma de transporte de la estatua. Basado en un plano de ingeniería.
© Méridien 2026 — CC BY-NC 4.0

Cómo se transportó a Ramsés II en 2006
Cómo se transportó a Ramsés II en 2006: la estatua en una jaula de hierro reforzada, forrada con espuma de goma y suspendida de un puente de acero entre dos camiones de plataforma.
Plataforma de transporte de la estatua. Basado en un plano de ingeniería.
© Méridien 2026 — CC BY-NC 4.0

Antes del viaje final, los ingenieros crearon un modelo en 3d a partir de millones de escaneos láser y ensayaron toda la operación en pantalla. En 2017 ya estaba lista una carretera especial. En enero de 2018, con banda de música, caballos y cámaras, Ramsés recorrió 450 metros por esa carretera. El breve trayecto costó 800 000 dólares, pero el faraón llegó sano y salvo, pulido y perfectamente colocado en el gran vestíbulo del museo.

La estatua de Ramsés II en el atrio del Gran Museo Egipcio. Foto: Ayman Zaid/Alamy.
El Gran Museo Egipcio alberga más de 100 000 piezas

El Gran Museo Egipcio se apoya en la tecnología para conservar y presentar el pasado de Egipto.

De hecho, se construyó dos veces: primero en datos y luego en hormigón. Los ingenieros probaron cada muro, cada viga y cada vitrina en 3D antes de tocar la obra real. Incluso monumentos caídos, como el obelisco de Ramsés, se escanearon, se reensamblaron y se levantaron en la entrada, de modo que los visitantes pueden leer sus inscripciones por todos sus lados.

Dentro, la historia continúa. Tumbas, templos e incluso ciudades sumergidas se reconstruyeron en datos antes de convertirse en exposiciones inmersivas. Los visitantes pueden recorrer la capilla de Jnumhotep, explorar el mapa del inframundo más antiguo o ver cómo las ruinas de Alejandría emergen del fondo del mar, todo ello primero en píxeles y después hecho realidad. Tutankamón tiene su propio espacio estrella en el Gran Museo Egipcio, con más de 5000 objetos de su tumba expuestos juntos por primera vez.

Y en el centro de todo se alza Ramsés el Grande, cuya estatua fue el primer objeto seleccionado para el gem, de ahí su número de registro, gem 1. Para los antiguos, sus estatuas eran el rey vivo, que vigilaba, mandaba y afirmaba su poder. Hoy lo contemplan turistas en lugar de sacerdotes, pero el mensaje es el mismo. Tres milenios después, Ramsés sigue exactamente donde quería estar: presente, poderoso, imposible de ignorar.

Publicado
1 de octubre de 2026
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Agradecimientos: Queremos dar las gracias a la egiptóloga Susanna Thomas por su contribución a este proyecto. Su libro reciente, Ramesses, Loved by Ptah, ha sido una fuente valiosísima para la investigación.

Equipo editorial: Investigación y redacción Elia Kabanov. Narrativa geoespacial y de datos Alexander Bogachev. Diseño Vasiliy Egorov. Desarrollo Vladimir Kuznetsov. Modelado 3d Dmitry Smirnov. Ilustraciones Lucy Redko. Gestión del proyecto Anastasia Antipova. Dirección de arte Eugene Yukechev.

Agradecimientos especiales: Sasha Derivanov, Vladimir Terentyev, Maria Karaselnikova, Amr Elenein, Ahmed Serag y Nahla ElBanhawy.

Créditos: Investigación, edición, diseño, ilustraciones, visualizaciones y maquetación de Méridien. Modelos 3D a medida del templo de Menfis y del Gran Museo Egipcio creados por Méridien. Motor de mapas: Mapbox. Fuentes cartográficas: OpenStreetMap. El modelo 3D de la estatua de Ramsés II se basa en un trabajo de Suspishus/CGTrader. Vídeo de las pirámides: Merlin74/Pond5. Noticiarios: British Pathé. Fotos del GEM: Susanna Thomas. Vídeo de Ramsés: Creativity lover/Shutterstock. Retratos de Hekekyan y de Heródoto basados en imágenes de dominio público.

EGYPT
El Cairo
Así empezó un largo viaje. Los obreros llevaron la estatua 800 km río abajo, hacia el norte, hasta Menfis, en barcazas construidas a medida. Probablemente tardaron semanas; con suerte, con pausas para comer.
Ramsés II se alzó durante siglos en el Gran Templo de Ptah, hasta que ganó la gravedad. Casi 3000 años después, la estatua cayó y se tomó un buen descanso tumbada en la arena.
Ramsés II encargó una colosal estatua de sí mismo en granito rojo para alzarse junto a la puerta oriental del templo de Ptah
El gran complejo del templo se alzaba justo al este de la actual aldea de Mit Rahina. Menfis estuvo antaño a orillas del Nilo, pero el río se desplazó poco a poco hacia el este
1955
En 1955, la nueva república egipcia le dio a Ramsés una segunda vida. Los ingenieros trasladaron la estatua 30 km hasta El Cairo y la instalaron frente a la estación principal de tren.
La contaminación y las vibraciones constantes le pasaron factura. A principios de los años 2000, Ramsés necesitaba un aire más limpio, así que la estatua se fue a Guiza.
En 2018, Ramsés entró en el Gran Museo Egipcio. Hicieron falta 3300 años y cuatro traslados, pero el faraón por fin descansa en paz, rodeado de 100 000 piezas de valor incalculable.
Ramsés II en el atrio del Gran Museo Egipcio
Esta es la historia de Ramsés el Grande,
su odisea a través del tiempo y el espacio
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de Ramsés el Grande,
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del tiempo y el espacio

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